Historia de los carnavales
🕔 27 de Febrero de 2017El término carnaval proviene del latín medieval carnelevarium (“quitar la carne”) refiriéndose a la prohibición religiosa de consumir carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma. En Argentina es un atractivo turístico relevante,y varía marcadamente entre las diferentes regiones del país. Merecen especial atención las festividades en Corrientes, Entre Ríos, Salta, Jujuy y la Ciudad de Buenos Aires, Lincoln.
El carnaval cristiano: Con el paso del tiempo, fue adoptado por los pueblos que poseen tradición cristiana, precediendo a la cuaresma. En la actualidad, se encuentra muy arraigado a la celebración popular, alejándose de su significado religioso, alargando los festejos a los primeros fines de semana del mes de febrero o marzo.
El carnaval contemporáneo: Con el correr de los años, fue adoptando estilos diferentes según cada país. En América incorporó elementos aborígenes y hasta alcanzó ribetes místicos precolombinos. Hoy esta expresión popular se celebra en distintas partes del mundo, haciendo que los escenarios donde se desarrollan atraigan a miles de turistas de otras latitudes para sentir, vibrar y cantar con el paso de las comparsas.
Es una de las fiestas populares de mayor tradición en la historia de la humanidad. Su celebración tiene su origen probable en los rituales paganos a Baco, el dios del vino; en los festines que se realizaban en honor al buey Apis en Egipto; o en las “saturnalias” romanas, en honor al dios Saturno.
Algunos historiadores precisan que los primeros carnavales se remontan a la antigua Sumeria, hace más de cinco mil años, pasando luego la costumbre de la celebración a Egipto y al Imperio Romano, desde donde se difundió por toda Europa, siendo traído a América por navegantes españoles y portugueses en época de colonización y conquista a partir del siglo XV.
Carnavales actuales: Los bailes de carnaval se comenzaron a realizar en locales cerrados a partir del año 1771. Al principio eran organizados en casas particulares y luego se trasladaron a los clubes barriales. . En 1997 la legislatura de la ciudad lo declara Patrimonio Cultural de la Ciudad. En 2000 por primera vez las murgas fueron evaluadas por un jurado organizado por la Comisión de Carnaval del Gobierno. En los listados oficiales figuran en estos momentos más de 130 murgas y hay muchas más intentando entrar al circuito de corsos participando en los concursos de precarnaval.
Carnavales en la Provincia de Buenos Aires: Lincoln, capital nacional del carnaval artesanal: es el verdadero símbolo de una tradición que se inició en el año 1928 cuando el profesor Enrique A. Urcola incorporó métodos utilizados en el Taller de Escenografía del Teatro Colón -donde trabajó-, modelando las figuras con la superposición de trozos de papel engrudado, técnica que se conoce con la palabra de idioma italiano `cartapesta`. Ese año, Urcola confeccionó una carroza con movimiento llamada `Peliculeros`, dando origen a las figuras mecánicas. En los siguientes años, realizó una pareja de abuelos que giraban la cabeza y movían los ojos, mientras se hamacaban en un sube y baja. Posteriormente, creó el vehículo manomóvil con `Trifón y Sisebuta`, personajes de la historieta de George McManus. A partir de allí, los artesanos -incentivados por Urcola- fueron superando en cada una de las ediciones del carnaval, también por el material y las técnicas de realización. De este modo, urgieron las minicarrozas y las máscaras sueltas, las escuelas de samba, las atracciones mecánicas, las batucadas, los cuerpos de baile, las bastoneras y las reinas. Todos estos ingredientes, representan verdaderas expresiones de la creatividad popular, que marcan la identidad del carnaval linqueño.
Carnaval y agua: Una práctica común en tiempo de carnaval es jugar con agua. En el siglo XIX era costumbre rellenar huevos con agua para después lanzarlos. Las familias de clases más acomodadas compraban huevos de ñandú para tal fin. También se llenaban con agua de colonia. Otros objetos utilizados para lanzar agua eran bolsas de papel, pomos, baldes o jarros. En estos juegos participaban tanto grandes como chicos. En la actualidad, los niños son quienes juegan con agua entre sí durante el día por las calles de los barrios, llenando pequeños globos con agua.
Gentileza: Boletín Cien Años de Turismo (Nro.258) – Ministerio de Turismo de la Nación